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Por las rutas pictóricas de la feminidad en la serie de pinturas Humanografía

Amanda Juárez

Azay Art Magazine

Versión en inglés aquí

La vida de todo ser humano no deja de ser un itinerario desde que nace, por mucho que se caracterizase una existencia por el estatismo. Viajamos a toda hora a través de los días inciertos. La vida misma es un camino, una trocha hacia el final. Así las cosas, en el mundo del arte, de la pintura más concretamente, ha existido en todas las épocas una inclinación a trazar los caminos de la geografía corporal femenina, erigiéndose los pintores en cuestión en “homo viator”. Tal es el caso de Romeo Niram en Humanografía.

Humanografía

El hombre siempre ha tenido una propensión contemplativa hacia el físico femenil (sea cual fuere la accesibilidad al mismo), además, existen una serie de núcleos preferenciales, cuya capacidad de atracción tiene su justificación desde un punto de vista biológico. Tenido lo anterior en cuenta, el arte ha trascendido esa realidad socio-biológica, plasmándola a través, por ejemplo, del pincel. Revisando determinadas pinturas se puede colegir que detrás de cada artista existe un hondo contemplativo. Cabría encuadrar a Romeo Niram como uno de los viajeros que componen la historia de la pintura.

También el cuerpo masculino ha sido y es objeto de profundas y profusas atenciones artísticas, de hecho, muchos son los artistas plásticos que reconocen una mayor complejidad en el cuerpo masculino, gran entramado muscular, pero en el cuerpo de la mujer, de más suaves orografías, se puede, efectivamente, viajar de manera más accesible por lo nítido de sus formas. El cuerpo femenino dibuja trayectos curvilíneos de gran capacidad sugestiva.

La mujer contemplada contemplándose

Niram se recrea en la remarcación del trazo de carne transitable ayudado de los juegos de luz. Vemos en la primera imagen cómo, al igual que Tolouse Lautrec, concibe un compendio de sinuosos trazos; cual carreteras montañosas se presentan en suave ascensión los centímetros de piel.

Otro rasgo que han acostumbrado a plasmar los grandes creadores pictóricos a lo largo de la historia es el de la mujer contemplada contemplándose, sintiéndose bella, trabajando su apariencia o sabiéndose bella mientras se deja inmortalizar.

Como venimos diciendo, el hombre tiene una cierta propensión a las curvas, y prueba de ello son las múltiples atenciones dedicadas a aquella región en la que la espalda pierde su nombre, y es que el trasero femenino, en su grata redondez, es esa rotonda epicéntrica en la que confluyen las demás arterias de carnalidad.

En cualquiera de sus despliegues posturales, premeditados o no, la mujer, a diferencia del hombre, el cual es, en sentido corporal, más un bloque compacto, ofrenda al observador un incuantificable solaz, toda vez que su físico adopta plásticos ademanes de la forma más natural.

Sugiriendo sin mostrar

En lo que Niram se muestra más pudoroso es en lo que a mostración del sexo femenino respecta. Resta en sus cuadros explicitud a tal imagen por medio de la sabia disposición de las posturas. De hecho los gestos inmortalizados de las modelos son incompatibles con lo obsceno.

Muy al contrario, Niram gusta de plasmar a la mujer en sus más delicados guiños. Por ejemplo, en la comparativa mostrada en la ilustración siete, se observa un ejemplo de delicada presentación del cuerpo femenino (sugiriendo sin mostrar).

Tanto en la “Venus” de Boticelli como en el cuadro de Niram (expuestos ambos parcialmente en la ilustración ochop) de su serie Humanografía aparecen sendas mujeres con gesto relajado. Pese a la desnudez, total o parcial, de ambas, queda imposibilitada la más morbosa recreación merced al sabio empleo de los cabellos: en el caso de una sirven para cubrir más subecuatoriales regiones; en el de otra, los senos.

Una suave brisa mueve los cabellos de las dos, unos más enmadejados, los otros más finos. Otro rasgo característico de algunos cuadros de Niram, que también halla precedentes, es el hecho de que no aparezca el rostro de la modelo. Se oculta éste, se nos hurta la posibilidad identificativa. Se trata de una peculiar decapitación que viene a ocultar ese punto de partida o de llegada del trayecto corporal. Se plantea, por tanto, un trayecto (un viaje) “in medias res”, sin punto de salida o regreso, lo cual adquiere coherencia por ser Niram un hombre siempre en tránsito: desprendido de sus orígenes y sin un destino nítido en el que atracar.

Hevel Niram Humanografía  pintura
Hevel Niram – Humanografía
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